Skip to Content Skip to Search Go to Top Navigation Go to Side Menu


Marat / Sade


Sunday, August 23, 2009

MARAT:

No se dejen engañar,
Cuando esté sofocada la revolución
Y les digan que la situaci;on ha mejorado.
Y aunque no ven la miseria
Porque la pintan de blanco;
Y aunque ganen dinero;
Y aunque puedan comprar
Aquellas cosas que a los industriales
Les convenga venderles;
Y aunque les parezca que la prosperidad
Está al alcance de la mano,
Todo será un invento de ellos para tener más.
No crean en lo que les palmean el hombro
Asegurando que no hay diferencias,
Ni motivos para seguir luchando.
Porque cuando les digan eso,
Se los dirán refugiados en sus castillos
De mármol y acero,
Controlando todo y saqueando al mundo,
Bajo el pretexto de defender el bien común.

das Schreiben


Thursday, August 13, 2009

Estoy sentado en mi habitación, que es el cuartel general de ruido de toda la casa. Oigo golpear todas las puertas; con su estrépito, sólo me libro de oír los pasos de quienes corren entre ellas; oigo incluso el golpe de la puerta del horno de la cocina. Mi padre abre brecha en las puertas de mi habitación y la cruza arrastrando su batín; en la estufa de la habitación vecina están rascando las cenizas; Valli pregunta a alguien indeterminado, a través del vestíbulo, gritando como si estuviera en una calle de París, si ya han limpiado el sombrero de papá; un siseo que está a punto de resultarme amistoso, suscita el griterío de una vos que le replica. Descorren el cerrojo de la puerta principal y su chillido parece salir de una garganta acatarrada; luego se sigue abriendo la puerta con el breve canto de una voz femenina y se vuelve a cerrar con un sordo arrebato masculino, que resulta de lo más desconsiderado. El padre ha salido, y ahora se inicia el sonido más suave, más disperso, más desesperante, presidido por las voces de dos canarios. Ya lo había oído antes pero, al oír el canto de los canarios, se me vuelve a ocurrir que podría abrir la puerta dejando únicamente una pequeña rendija, arrastrarme como una serpiente a la habitación de al lado y así, desde el suelo, pedirles a mis hermanas y a su institutriz, que se callen.

Diarios, 5 de Noviembre de 1911
Franz Kafka

Musulmanes


Monday, August 3, 2009

La editorial CasaNova presenta su primera novela, Musulmanes de Mariano Dorr

La cita es el viernes 14 de agosto en el teatro Silencio de Negras, Luis Sáenz Peña 663, Monserrat, a las 23:15.

logocasanova.jpg

Dorr, Mariano (Buenos Aires, 1977). Narrador, guionista, dramaturgo, actor, crítico. Editó en Cencerro la novela corta Preguntale (2004) y el texto dramático Jesús detrás de ti (2003). Publica además, con frecuencia, textos entre ficcionales y autobiográficos en distintos sitios de internet. Desde 2007, es el guionista de la historieta Cocaína Buenos Aires ilustrado por María Giuffra. En los textos de Dorr se recrea el mundo juvenil de ambiente universitario de Buenos Aires, el escenario urbano, las búsquedas artísticas del grupo con el que narrador interactúa, la trama sentimental y sexual, los estímulos de su medio, desde los provenientes de las lecturas literarias o filosóficas hasta el alcohol o las drogas. Utiliza un lenguaje oral, en el hay marcas de sus consumos culturales y, a veces, términos en clave sólo comprensibles por sus pares. La intensidad y radicalidad en la representación de sus vivencias, ciertos efectos oníricos en la transformación literaria de esas experiencias y el trabajo poético con la oralidad hacen que sus textos consigan autonomía e interés para un público más amplio que el de su grupo de referencia. Estos elementos lo conectan además con otros escritores contemporáneos como Gabriela Bejerman.

Dorr publica también textos académicos en que analiza fenómenos sociales contemporáneos desde los así llamados filósofos de la diferencia y reseña libros para el suplemento cultural de Página 12.

Su blog: http://enbuscadelcosticismoperdido.blogspot.com

musulmanes.jpg

Los perros


Tuesday, June 24, 2003

por Aquiles Cristiani

muy a Titi

Quieto Cachi. Que se quede quieto le pidió. Después llamó a Marcelina. Después, desde el suelo, Cachi abrió los ojos. Veía nada.
Nada o una intersección de nubes oscureciendo un poco el cielo. Un pedazo del cielo. El resto celeste, cúmulos blancos casi normales y algo de lo que iba a ser esa tardecita. No veía el monte pero tampoco hacía falta verlo para saber que seguía ahí. No iba a moverse. Ni él ni el monte. Veía el cielo.
¡Marcelina!
Es el Cachi, dijo después. Y ya estaba llorando. Sujetándole esa pierna machacada y abierta con las manos. Haciendo fuerza para adentro para que la carne de un lado se pegue con la carne del otro lado. Le temblaban los codos de la fuerza. La misma fuerza que cuando baja Vidal y la lleva para allá atrás y hay que tirarse al suelo, rasparse las piernas, las manos. Empezaba a temblar, igualita. Después también lloraba porque Vidal ni una palabra más de lo que le venía prometiendo desde aquella vez que se lo dijo. Igual. Le zumbaban las muñecas y los dedos, se le metían bien adentro en la carne, hasta el hueso. Cachi gritó.
¡Marcelina pronto!

(more…)

Miles Davis


Monday, June 16, 2003

por Gustavo Álvarez Núñez

Entre 1975 y comienzos de 1980 no agarré la trompeta; durante más de cuatro años no la agarré ni una sola vez. Me acercaba a ella, la miraba, pensaba en tocarla, o en intentarlo por lo menos. Sin embargo, no llegué a hacerlo nunca. Al cabo de un momento me olvidaba, porque me había enredado en otras cosas, en cosas que en su mayoría no eran buenas para mí. (…) Mi actividad principal durante aquellos cuatro o cinco años en que estuve apartado de la música fue tomar mucha pero mucha cocaína (unos quinientos dólares al día en un determinado momento) y cogerme a todas las mujeres que conseguía llevarme a casa. (…) Cuando estás constantemente bajo la influencia de las drogas, la gente se dedica a aprovecharse de vos. Ninguno de mis antiguos amigos venía a verme, excepto Max y Dizzy, quienes pasaban por mi casa de vez en cuando sólo para inspeccionar. Entonces empecé a echar de menos a mis compañeros de otros tiempos, así como la música que solíamos tocar. Un día coloqué por toda la casa las fotografías que tenía de Bird, de Trane, de Dizzy, de Max, de mis viejos amigos.

(more…)