Estoy en el aeropuerto, esperando la partida de un vuelo que lleva varias horas de demora. Ya fumé cuanto pude en los bordes del estacionamiento y asqueado hice cuanto trámite fuera necesario para cruzar una frontera tan ancha como el océano mismo.
Sigo esperando, tras haber pasado migraciones y rayos X. Están al menos ahora los aviones, atrás del vidrio y del ruido del turista amargado. No sabemos cuál es cuál, aunque se dice por ahí que el que nos toca no es el que corresponde, que hubiésemos viajado más cómodos y que, a pesar de estar yendo de viaje con la familia toda, a pesar de poder comprar chirimbolos flúos y pebetes por el precio de una cena para cuatro, todo es una mierda.
Camino a Copenhage
Monday, July 28, 2008