Skip to Content Skip to Search Go to Top Navigation Go to Side Menu


Los perros


Tuesday, June 24, 2003

por Aquiles Cristiani

muy a Titi

Quieto Cachi. Que se quede quieto le pidió. Después llamó a Marcelina. Después, desde el suelo, Cachi abrió los ojos. Veía nada.
Nada o una intersección de nubes oscureciendo un poco el cielo. Un pedazo del cielo. El resto celeste, cúmulos blancos casi normales y algo de lo que iba a ser esa tardecita. No veía el monte pero tampoco hacía falta verlo para saber que seguía ahí. No iba a moverse. Ni él ni el monte. Veía el cielo.
¡Marcelina!
Es el Cachi, dijo después. Y ya estaba llorando. Sujetándole esa pierna machacada y abierta con las manos. Haciendo fuerza para adentro para que la carne de un lado se pegue con la carne del otro lado. Le temblaban los codos de la fuerza. La misma fuerza que cuando baja Vidal y la lleva para allá atrás y hay que tirarse al suelo, rasparse las piernas, las manos. Empezaba a temblar, igualita. Después también lloraba porque Vidal ni una palabra más de lo que le venía prometiendo desde aquella vez que se lo dijo. Igual. Le zumbaban las muñecas y los dedos, se le metían bien adentro en la carne, hasta el hueso. Cachi gritó.
¡Marcelina pronto!

(more…)