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"Textos" Category


Ars machina 1


Tuesday, August 5, 2008

For all the art photography I look at, some of the pictures that compel me the most are taken by robots.

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via: Heading East

Camino a Copenhage


Monday, July 28, 2008

Estoy en el aeropuerto, esperando la partida de un vuelo que lleva varias horas de demora. Ya fumé cuanto pude en los bordes del estacionamiento y asqueado hice cuanto trámite fuera necesario para cruzar una frontera tan ancha como el océano mismo.
Sigo esperando, tras haber pasado migraciones y rayos X. Están al menos ahora los aviones, atrás del vidrio y del ruido del turista amargado. No sabemos cuál es cuál, aunque se dice por ahí que el que nos toca no es el que corresponde, que hubiésemos viajado más cómodos y que, a pesar de estar yendo de viaje con la familia toda, a pesar de poder comprar chirimbolos flúos y pebetes por el precio de una cena para cuatro, todo es una mierda.

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Los perros


Tuesday, June 24, 2003

por Aquiles Cristiani

muy a Titi

Quieto Cachi. Que se quede quieto le pidió. Después llamó a Marcelina. Después, desde el suelo, Cachi abrió los ojos. Veía nada.
Nada o una intersección de nubes oscureciendo un poco el cielo. Un pedazo del cielo. El resto celeste, cúmulos blancos casi normales y algo de lo que iba a ser esa tardecita. No veía el monte pero tampoco hacía falta verlo para saber que seguía ahí. No iba a moverse. Ni él ni el monte. Veía el cielo.
¡Marcelina!
Es el Cachi, dijo después. Y ya estaba llorando. Sujetándole esa pierna machacada y abierta con las manos. Haciendo fuerza para adentro para que la carne de un lado se pegue con la carne del otro lado. Le temblaban los codos de la fuerza. La misma fuerza que cuando baja Vidal y la lleva para allá atrás y hay que tirarse al suelo, rasparse las piernas, las manos. Empezaba a temblar, igualita. Después también lloraba porque Vidal ni una palabra más de lo que le venía prometiendo desde aquella vez que se lo dijo. Igual. Le zumbaban las muñecas y los dedos, se le metían bien adentro en la carne, hasta el hueso. Cachi gritó.
¡Marcelina pronto!

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Miles Davis


Monday, June 16, 2003

por Gustavo Álvarez Núñez

Entre 1975 y comienzos de 1980 no agarré la trompeta; durante más de cuatro años no la agarré ni una sola vez. Me acercaba a ella, la miraba, pensaba en tocarla, o en intentarlo por lo menos. Sin embargo, no llegué a hacerlo nunca. Al cabo de un momento me olvidaba, porque me había enredado en otras cosas, en cosas que en su mayoría no eran buenas para mí. (…) Mi actividad principal durante aquellos cuatro o cinco años en que estuve apartado de la música fue tomar mucha pero mucha cocaína (unos quinientos dólares al día en un determinado momento) y cogerme a todas las mujeres que conseguía llevarme a casa. (…) Cuando estás constantemente bajo la influencia de las drogas, la gente se dedica a aprovecharse de vos. Ninguno de mis antiguos amigos venía a verme, excepto Max y Dizzy, quienes pasaban por mi casa de vez en cuando sólo para inspeccionar. Entonces empecé a echar de menos a mis compañeros de otros tiempos, así como la música que solíamos tocar. Un día coloqué por toda la casa las fotografías que tenía de Bird, de Trane, de Dizzy, de Max, de mis viejos amigos.

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