“Añoraba atrapar toda la belleza que me pasara por
delante y, a la larga, creo haber satisfecho tal anhelo.”
Julia Margaret Cameron(1)
Por Florencia Rumi y María Vicens*
Luz
Todos los fotógrafos saben que para sacar una foto a una persona y hacerla parecer más joven tienen que iluminar con luz de frente. En las épocas pre-fotoshop, éste era uno de los recursos más usados por los fotógrafos para que las celebrities parecieran “siempre jóvenes”. Una luz blanca y fuerte (una luz “dura”) “borra” las imperfecciones, las arrugas, las cicatrices; hace de la piel una superficie tersa y lineal. Lo mismo pasa con el espacio: la luz de frente elimina las sombras y contornos de los objetos, “achata” ese espacio, generando un efecto visual en el que todos los elementos se encuentran en el mismo plano. Se ve todo en una sola dimensión; es una imagen que parece no tener densidad. En cambio, si se buscan detalles, huellas, se utilizará la luz de manera oblicua, más tenue, lo que producirá la iluminación de determinadas zonas y dejará en la oscuridad otras. Asimismo, el contraluz dará nuevos detalles por contraste, como cuando, por ejemplo, se ven las volutas de humo a través de la luz: es desde esa perspectiva que se puede observar la densidad de ese humo, una materia que pasa casi inadvertida en la situación opuesta.
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